Producción bajo corriente

San Pablo [São Paulo] es la ciudad más grande de Brasil. Hiperurbanizada y distante de la imagen de una tierra tropical y relajada, es una metrópolis multicultural en la que conviven dramáticos contrastes que resultan en desigualdades sociales. La diversidad de San Pablo se expresa no solamente en sus varias clases sociales, sino en los diferentes grupos culturales y étnicos que constituyen su mezclada población.

El distrito de San Mateo [São Mateus], ubicado en la zona este, a aproximadamente 20 kilómetros del centro de San Pablo, se caracteriza por sus casas escondidas detrás de muros y rejas, con una marcada ausencia de espacios públicos verdes y abiertos. La población local es una mezcla de clases media y baja; la mayoría trabaja en el centro de la ciudad, adonde se traslada diariamente. Esta zona es conocida por su fuerte expresión cultural, en particular a través de la música, como la samba y el funk. Si bien San Pablo a menudo promueve el desarrollo de sus zonas centrales como paradigma de la planificación urbana, fue en la zona este –un lugar que se siente más bien abandonado y subdesarrollado– donde el equipo de urbanxchanger encontró los ejemplos más atractivos de innovación urbana.


Ilustration: Vapor 324

El trabajo de Cidades sem Fome [Ciudades sin hambre] consiste principalmente en la organización y el mantenimiento de huertos comunitarios y escolares, así como invernaderos. Más allá de garantizar la subsistencia de algunas de las familias más pobres de San Mateo, lo que hace única a esta iniciativa comunitaria es que la mayoría de los huertos han sido cultivados en terrenos públicos y privados previamente abandonados o inutilizados (por el derecho de vía, normalmente reservado para el uso de las grandes compañías de servicios públicos).

Cidades sem Fome se encuentra actualmente en el proceso de expandir su ámbito de operación en algunos de los huertos de San Mateo con el fin de generar otras actividades redituables. Las propuestas incluyen la venta de productos locales en comunidades aledañas, la preparación de alimentos, la organización de eventos y la oferta de menús con un toque educativo los fines de semana.

El huerto

Los cables y las torres de alta tensión son instalados en superficies lineales que atraviesan diversas zonas urbanas y aíslan el espacio que se encuentra a su alrededor. Esta iniciativa es un ejemplo de cómo la colaboración con los campesinos locales, responsables del manejo de estas áreas, llevó a la concesión temporal para su utilización.

Don Genival es el responsable de haber puesto en marcha uno de los huertos ubicados bajo las torres de alta tensión de la empresa AES Eletropaulo. A sus 64 años comenzó trabajando solo. Tiempo después, tres familias se unieron a su esfuerzo, seguidas por Cidades sem Fome, quien ofreció su apoyo al proyecto. El impacto del huerto a nivel local resulta en la transformación de 8 000 metros cuadrados de un terreno baldío en áreas verdes, la generación de ingresos para los habitantes de la zona y la producción de comida orgánica para la comunidad. Asimismo, el huerto da protección y mantenimiento al terreno alrededor de los cables y las torres de AES Eletropaulo, tal como ha sido acordado por ambas partes en el contrato de concesión. El acuerdo estipula la prohibición de árboles y vegetación de gran altura, así como la construcción de estructuras permanentes.

Don Genival y su esposa trabajaban de tiempo completo en el huerto y vendían algunos de los productos que cultivaban en la entrada del jardín. También ofrecían su producción en el mercado semanal de la localidad y en algunos negocios fuera de San Mateo. Sin embargo, el fundador de Cidades sem Fome, Hans Dieter Temp, estaba convencido de que era necesario contar con un inmueble para expandir sus actividades más allá de la producción y venta de vegetales. Como parte del proyecto se ofrecían recorridos a visitantes y talleres educativos, pero sin una estructura fija era difícil recibir a la gente u organizar eventos en los que se ofrecieran alimentos preparados con los productos del huerto. Un espacio donde la gente pudiese al menos sentarse y platicar era sin duda necesario.

Trabajando junto con la comunidad, los diseñadores definieron qué necesidades de los horticultores debían ser cubiertas por el inmueble a mediano y a largo plazo. Con el fin de satisfacer lo requerido por los socios locales y, al mismo tiempo, proyectar un futuro para la iniciativa, el equipo elaboró un plan en cinco partes: el Techo, el Baño, el Gimnasio, los Juegos y el Huerto sale a la calle.

El objetivo del plan consistió en modificar la perspectiva y la concepción que tenía la gente en general sobre esta zona y reavivar una parte de la ciudad hasta entonces olvidada.

El Techo
La infraestructura necesaria para convertir el huerto en un espacio que pudiera albergar eventos fue segmentada en sus elementos individuales: el techo, una cocina móvil, mesas y bancas. Dichos elementos fueron diseñados y construidos por el equipo en un lapso de cuatro días, al final de los cuales se organizó un evento piloto. Gente de la zona central de la ciudad fue invitada al huerto para compartir alimentos, conversar sobre su trabajo y sus experiencias cotidianas. El evento permitió al equipo identificar qué aspectos del proyecto funcionaban bien y cuáles aún necesitaban refinarse. En el contexto del plan de cinco partes, el Techo, además de ser el punto inicial, tenía un significado simbólico: era la expresión física de un esfuerzo compartido y consolidaba la fuerza del proyecto.

Un almuerzo dominical organizado en el jardín constituye una disfrutable ocasión para invitar a las partes interesadas –desde instancias gubernamentales, creadores de políticas públicas y arquitectos hasta profesionales de la cultura y la gastronomía.

 

El Huerto sale a la calle
Al expandir el huerto más allá de sus fronteras físicas, el equipo visualizó su transformación en un núcleo para la comunidad. El huerto puede extenderse en la zona de diferentes maneras: la cocina móvil puede trasladarse de un lado a otro y desempeñar diferentes funciones: puede ser un carrito para vender tapioca (como fue sugerido por doña Sebastiana, una de las horticultoras); funcionar como farmacia alternativa; o convertirse en un puesto para vender los vegetales del huerto o la comida preparada con ellos. Una parte del huerto puede ser utilizada como un espacio de carácter semipúblico ofreciendo, por ejemplo, juegos o baños públicos, o haciendo las veces de un espacio de encuentro y contemplación. Los productos del huerto también pueden venderse en negocios locales, restaurantes, bares y farmacias.

La cocina móvil se construyó con las mismas técnicas utilizadas por los vendedores ambulantes. Durante un taller de dos días, el equipo construyó una cocina móvil para realizar almuerzos comunitarios los fines de semana. La cocina también funge como un espacio social y se utiliza para vender los productos del huerto. Al ser móvil, puede llevarse del jardín a las calles vecinas.

El baño, El Gimnasio, LOS JUEGOS, El Huerto sale a la calle
Las ilustraciones muestran las cinco partes en que consistió el programa. Las primeras intervenciones –el techo y la cocina– se pusieron a prueba y en servicio durante la semana del taller.

El baño
Un sanitario es una instalación indispensable en cualquier lugar de eventos, pero en este contexto fue concebido como un centro de composta para producir fertilizante. En este sentido, el equipo propuesto para esta instalación adquiere un rol más importante, pues no solamente tiene una función práctica, sino que contribuye a la producción del huerto. Además de los beneficios financieros y ambientales, el sanitario generador de composta servirá como una herramienta educativa para demostrar el ciclo de la naturaleza y el potencial que tiene la reutilización de los recursos existentes.

El Gimnasio
El jardín también puede hacer las veces de un gimnasio al aire libre, un lugar para realizar actividad física. Además de las tareas más arduas –como cavar, arar y cosechar–, el Gimnasio también puede ofrecer actividades terapéuticas como plantar, podar y regar. La jardinería se usa con éxito en varias terapias ocupacionales, particularmente con las personas mayores, los niños, personas que sufren depresión y adictos en recuperación. En este escenario, el jardín contribuye a mejorar tanto la salud física como la mental, ayudando a mejorar la calidad de vida de sus usuarios.

Los Juegos
El huerto también puede ser usado como un lugar para jugar, entretener y ser entretenido, no sólo por niños, sino por gente de todas las edades. Las instalaciones de los juegos se crean mediante la reutilización o la activación de lo que ya existe en el jardín. Esto incluye elementos espaciales (el terreno y sus diferentes niveles, los linderos, las mallas de sombra), elementos materiales (llantas, residuos de madera, objetos metálicos y equipo, troncos de árboles, follaje, arena y tierra) y los propios productos del jardín (hierbas, flores y vegetales).

Para enfocarse en el potencial educativo de los jardines orgánicos, los diseñadores compilaron un archivo con las plantas y las hierbas locales tomando como punto de partida el conocimiento popular de la comunidad.

En una escala mayor, el proyecto está concebido como un paradigma que inspire no solamente a otros huertos manejados por Cidades sem Fome, sino al resto de la ciudad. Demuestra el potencial de áreas subutilizadas para convertirse en espacios productivos en todos sentidos: económico, social y creativo.

 

Créditos del proyecto

Iniciativa comunitaria asociada
Cidades sem Fome

Equipo San Pablo
Vapor 324, Andrea Bandoni y Julia Masagão

Equipo Berlín
constructLab
Participantes: Alexander Römer y Pieterjan Grandry

Curador e investigador local
Marcos L. Rosa